
Este pequeño zapato infantil llegó a mis manos con ilusión. Fue un regalo de mi amiga y vecina Fátima, a quien quiero muchísimo. Era para Ilyas, mi primer hijo varón. Siempre suelo guardar algún objeto como recuerdo de mis hijos, y este lo conservo con un cariño especial, porque Ilyas solo estuvo con nosotros tres años y medio.
Una tarde, yendo al colegio, falleció en un accidente de coche en Les Borges Blanques, donde vivíamos entonces. Era una mañana como cualquier otra y de pronto el mundo se acabó para mí. Después de la tragedia ya nada volvió a ser igual. Recuerdo caminar llorando por las calles del pueblo, cambiando de ruta para no pasar frente al lugar del atropello o cualquier otro sitio que me recordara demasiado lo sucedido.
Llevaba a mi hija mayor al colegio y volvía deprisa para encerrarme en casa, porque no me gustaba salir ni encontrarme con nadie. Sentí que entraba en una depresión y si logré salir adelante fue gracias al teléfono y a mi hermana Ghizlane, que vive en Marruecos. Ella fue como una psicóloga para mí: simplemente escuchaba en silencio mientras yo hablaba como una loca de mi hijo, porque solo quería ver sus fotos y recordar.
También me salvaron mis vecinos. En el funeral de Ilyas sentimos que se volcó todo el pueblo; era algo raro porque nunca se acompaña así la muerte de un musulmán marroquí, pero me sentí tan arropada y mostraron tanto respeto que nunca lo olvidaré.
Al principio guardé este zapato con muchísima pena y lloraba a menudo cuando lo veía. Pero había una hija que cuidar, debía luchar y empecé a trabajar por recomendación del médico. Al poco tiempo nos mudamos a Juneda y entonces llegó Sami a mi vida y luego el pequeño Rami.
En aquel momento tomé una decisión: saqué el zapato de Ilyas y, con pena pero con una nueva ilusión, se lo calcé a sus hermanos. Es la única cosa que han compartido y llevado mis tres niños.
Hoy somos una familia feliz y la gente me dice que siempre sonrío. Mi hija mayor estudia ingeniería informática en Barcelona y yo le recuerdo que para conseguir algo hay que esforzarse y estudiar mucho.
Vamos a enterrar esta zapatilla como un acto de memoria. Ya no la guardaré en un cajón; la dejamos aquí para que su recuerdo se quede toda la vida en este pueblo que también es el nuestro.